martes, 28 de octubre de 2008

Sí, fui yo!!

Y qué!! Y por favor, nótese que no pongo signos de interrogación, porque no espero respuesta. Todo lo contrario, es la más pura confirmación del cinismo que del final de la adolescencia p'acá me caracteriza. (Porque, de veritas veras, yo no era así cuando era chiquita... pero eso lo contaré en otra ocasión).

Decía, entons, que yo merita fui. Yo vi dónde guarda sus botes la franelera autonombrada "dueña de abajo de donde vive Depto. Editorial", que además cobra 25 pesos a la clientela , exige que le dejen las llaves para moverlo (en realidad, ya la vi, desayuna adentro de los coches) y lo que peor me choca, maltrata a sus hijas en plena vía pública (en privado no sería menos peor, pero carajo... estamos hablando de lo que pasa afuera de mi ventana y como hace reaccionar a la intolerante en mí). Y por eso, más lo que se acumule, me conseguí un cómplice pa' desaparecerle sus garrafas de bonafont/obstáculos improvisados. Y mucho, pero mucho gusto me dio que llegara a buscarlos, tan segura, tan cierta de que en la calle nomás sus botes estorban. Y no estaban... ohh, sí!! Casi pude escuchar al coro de la Liga de la Justicia abriendo sus puertas para mí (y mi cómplice) y diciéndonos que podemos escoger nuestros super poderes y un par de capas doradas que combinen con las botas.

Y sí, también fui yo. Yo misma dejé caer tres diccionarios y las obras completas de la Tía Chayo (que yo sé que me perdona porque mis intenciones fueron buenas) en el piso de mi habitación, a las dos de la mañana, para que la próxima vez que la Banshee que vive debajo de mí tenga a bien ponerme un recado en mi buzón diciendo que me la paso "taconeando estúpidamente", por lo menos no se vea en la penosa necesidad de tener que inventar males e inventarme maldades. Como ves, lector dilecto, sólo traté de llenar sus expectativas sobre mí.

Creo, desde el fondo de mi corazón, que el karma existe. Que es el resultado colateral de las consecuencias más directas de cada una de las acciones que ejecutamos o dejamos de ejecutar. Por eso, quienes dicen que asistir al colmex me hizo bien, tienen toda la razón: bajé de peso y me siento desproporcionadamente bien (desproporción con respecto a lo que en realidad hice ahí). Porque el karma existe y antes del colmex me sentia no sólo del nabo, sino EL nabo con toda su insipidez y falta de chiste. Y apariencia cilíndrica. Ahora peso menos, oh, sí!

Pero el karma no lo es todo, ohhh, no. Y a veces uno es ejecutor, involuntario, de karmas ajenos. Porque no lo es todo, y para que no nos deje en un permanente estado vegetativo de involuntariedad, hay que darle una ayudadita, aprender a mirar de frente nuestro deber y ejecutarlo. Ohhh, si. Como el karma de la Banshee de abajo, o de la franelera dueña del pedazo de banqueta abajo de donde vive Depto. Editorial.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

eso!!!!! Aplaudo de pie y de manos.

Eric Uribares dijo...

el hijo de su rechingada calabaza que hace años estacionaba mi auto en mi ex ex trabajo, acomodaba el asiento a su antojo y nunca lo volvía a acomodar, y eso es casi como dejarme caer las obras de Chayo (aunque yo preferiría las Martín Luis Guzmán, por su capacidad destructiva) en la punta del pie.

saludos

Depto. Editorial dijo...

Isteri: es que estoy reservando las de Alfonso Reyes para cuando de veras me molesten sus acusaciones.

Gonzalo Lizardo dijo...

Asistir al Colmex te proporcionó, además, elementos de erudita elegancia al momento de tomar justa venganza por las afrentas de los estultos. Eso de castigar a la vecina de abajo con las obras de doña Chayo es un toque de sofisticado sadismo... o de sacrificado masoquismo, considerando la estima que le tienes a la susodicha autora.
En otras palabras, pesas menos, pero tu venganza pesa más. ¡Enhorabuena!