lunes, 29 de diciembre de 2008

Recuento

Estas son algunas de las cosas que me rondaron la cabeza mucho, pero mucho más tiempo del necesario, durante el año que termina. Ninguna de ellas, como se verá, es particularmente trascendente, ninguna me ha resuelto ningún problema, ninguna me reveló nada. Pero aahh, cómo me entretuve.

Con todo y que esto parece un intento de psicoanálisis, no lo es. No me interesa conocer el origen profundo de mi imposibilidad de abstraerme de las escenas que están a punto de ver, ni tampoco que lo más cursi (en el sentido de Kitsch) de mi carácter se haga patente. En el mejor de los casos, la mayoría de testigos ya me conocen y saben a qué atenerse. En el peor, pues me revelo como soy en mis ratos de ocio, ni hablar. De nuevo, lo entretenida no me lo quita nadie.

En primer lugar, y por el sitio de honor que ocupa, más el poco tiempo que ha pasado desde su fallecimiento, Bettie Paige! La "conocí" hace más de 5 años, cuando Canal 11 transmitió una gran serie sobre la historia de la pornografía o, como daban en llamarla, la sexualidad oculta. Este año ocupó mis pensamientos durante un largo tiempo por que incluso antes de que enfermara y falleciera poco después, una de mis búsquedas en una base de datos de películas (IMDB) me llevó a The Notorious Bettie Paige, reconstrucción ficcional de su vida. No la he visto, espero pronto hacerlo. Mientras tanto:


Sobre el siguiente fragmento, tengo mucho qué decir, pero prefiero abstenerme. Sólo puedo decir que se trata de una película en la que pienso por lo menos dos veces al año, una en estas fechas, la otra en Semana Santa.
A veces creo que hay alguna extraña relación, no del todo forzada, entre la película -particularmente este fragmento- y mi vida: desde que recuerdo, me gusta usar botas, y las primeras que tuve, lo recuerdo bien, fueron blancas.
Y mi papá, cuando era yo muy pequeña, tenía un peinado que en este momento podría pasar por afro, aunque entonces quizá no cumplía con los requisitos de rigor.

En fin, sólo quiero decir que es la única versión de esta historia en la que el bueno es Judas. Quizá por eso me gusta taaanto!


Un video más, y una aclaración. Cuando digo que "en esto me entretuve", no quiero decir que fue lo único que me pasó por la cabeza a lo largo de doce meses. Desde luego, tengo el pendiente de una tesis por concluir,
renta que pagar, hija qué criar, entre otras cosas. También pensé, como cada año, en enseriarme con lo del yoga, recuperar mi habilidad de costurera (sí, yo sabía hacer por lo menos faldas y no sólo cortinas y manteles)
y en cortarme el cabello. Me corté el cabello tres veces en este año, pero de eso ni tengo video ni creo que resulte tan entretenido hablar.

Volviendo a lo audiovisual, lo siguiente puede provocar una reacción inesperada en quien decida verlo. Puede que, como a mí, les resulte tan increíble la primera vez que lo vean, que sientan que necesitan verlo de nuevo, y otra vez, y otra.
Y luego, el sonido se les quedará en la cabeza por días y días, obligándolos quizá a corear aquel lejano y siempre denigrante término que, sin embargo, es tan descriptivo: "punchis-punchis-punchis..."
Me resulta imposible decir "lo peor de este video..." porque sería decir que tiene algo menos malo. Pero digamos que "lo peor" es que cuando lo veo, no puedo evitar pensar que mi querido Saguillón, en su rol por territorio germano, ya es gran cuate del protagonista del siguiente:


viernes, 12 de diciembre de 2008

Prefiero ser como Bettie Page

Hace un par de días, el Rufián Melancólico y Lear se pusieron de acuerdo para preguntarse retóricamente porqué no podemos las mujeres ser como dos personajes de películas que en cierta forma marcaron  una época, y cuyos pretendidos alcances míticos me parecen un tanto desproporcionados. 
Ya sé que no está entre las opciones, pero puesta a elegir, yo preferiría ser como Bettie Page:




 
Mis razones responden a varios asuntos: empezando porque (aunque trato de alejar semejante idea de mi cabeza) no me parece que Ilsa Lund sea el ejemplo de belleza que se pretende, y su sonrisa, junto con su atuendo, esconden la espantosa certeza de estar usando ropa interior no sólo fea, sino también incómoda. Lo lamento, no veo en sus ojos el mismo brillo que en los de Bettie.
Con Holly me sucede algo parecido. No concibo que de verdad "anduviera tan ligeramente" como su apellido quiere hacernos creer, como para no pensar ni una sola vez en el potencial daño que su atuendo sufriría. Siendo Bettie, en cambio, eso es lo de menos: la ropa, o su falta de, no importan, son sólo disfraces, como el de Ilsa, como el de Holly, pero que no opacan a la que los porta, no son más importantes que ella.
Podría pensarse que es el físico, porque claro, con todo y lo contenta que una mujer logre estar con su propio cuerpo, siempre habrá curvas más redondas, líneas más esbeltas. Pero no es por ahí. Lo que yo quiero de Bettie es el brillo en los ojos, con o sin ropa, bailando o posando; quiero ese candor, ese gusto de estar en su propia piel, mucho más cómoda que en el pequeño vestido negro de Holly, o en los elegantes sombreros de la ausente Ilsa. 





Status quo

Por el momento es lo único que puedo decir... lo siento.

martes, 28 de octubre de 2008

Sí, fui yo!!

Y qué!! Y por favor, nótese que no pongo signos de interrogación, porque no espero respuesta. Todo lo contrario, es la más pura confirmación del cinismo que del final de la adolescencia p'acá me caracteriza. (Porque, de veritas veras, yo no era así cuando era chiquita... pero eso lo contaré en otra ocasión).

Decía, entons, que yo merita fui. Yo vi dónde guarda sus botes la franelera autonombrada "dueña de abajo de donde vive Depto. Editorial", que además cobra 25 pesos a la clientela , exige que le dejen las llaves para moverlo (en realidad, ya la vi, desayuna adentro de los coches) y lo que peor me choca, maltrata a sus hijas en plena vía pública (en privado no sería menos peor, pero carajo... estamos hablando de lo que pasa afuera de mi ventana y como hace reaccionar a la intolerante en mí). Y por eso, más lo que se acumule, me conseguí un cómplice pa' desaparecerle sus garrafas de bonafont/obstáculos improvisados. Y mucho, pero mucho gusto me dio que llegara a buscarlos, tan segura, tan cierta de que en la calle nomás sus botes estorban. Y no estaban... ohh, sí!! Casi pude escuchar al coro de la Liga de la Justicia abriendo sus puertas para mí (y mi cómplice) y diciéndonos que podemos escoger nuestros super poderes y un par de capas doradas que combinen con las botas.

Y sí, también fui yo. Yo misma dejé caer tres diccionarios y las obras completas de la Tía Chayo (que yo sé que me perdona porque mis intenciones fueron buenas) en el piso de mi habitación, a las dos de la mañana, para que la próxima vez que la Banshee que vive debajo de mí tenga a bien ponerme un recado en mi buzón diciendo que me la paso "taconeando estúpidamente", por lo menos no se vea en la penosa necesidad de tener que inventar males e inventarme maldades. Como ves, lector dilecto, sólo traté de llenar sus expectativas sobre mí.

Creo, desde el fondo de mi corazón, que el karma existe. Que es el resultado colateral de las consecuencias más directas de cada una de las acciones que ejecutamos o dejamos de ejecutar. Por eso, quienes dicen que asistir al colmex me hizo bien, tienen toda la razón: bajé de peso y me siento desproporcionadamente bien (desproporción con respecto a lo que en realidad hice ahí). Porque el karma existe y antes del colmex me sentia no sólo del nabo, sino EL nabo con toda su insipidez y falta de chiste. Y apariencia cilíndrica. Ahora peso menos, oh, sí!

Pero el karma no lo es todo, ohhh, no. Y a veces uno es ejecutor, involuntario, de karmas ajenos. Porque no lo es todo, y para que no nos deje en un permanente estado vegetativo de involuntariedad, hay que darle una ayudadita, aprender a mirar de frente nuestro deber y ejecutarlo. Ohhh, si. Como el karma de la Banshee de abajo, o de la franelera dueña del pedazo de banqueta abajo de donde vive Depto. Editorial.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

En el eco de Sabines

Sucede que me canso de ser yo:
del peso de mi alma,
del silencio que se me atora
en la garganta
de las lágrimas que tardan.
Sucede que estoy perdida,
que no sé dar fe de mis pasos,
ni testimonio de mis razones.
Encuentro profundamente largo este duelo
esta pérdida de una careta
y terriblemente difícil
hacerme de una nueva.
Sucede que naufragué de un viaje
que no recuerdo haber emprendido.
Y sucede, sobre todo, que me estoy quedando atrás.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Cuando el silencio me amordaza con su mano de hielo

Quiero deshacerme en palabras:
vaciarme de cosas no dichas,
de pensamientos peligrosos,
de tanto agradecimiento.
Deshacerme en un murmullo
o varios gritos,
salirme de mí y no volver nunca.

Quiero deshacerme en palabras,
porque las tengo guardadas hace mucho:
me han horadado,
me han colmado,
y a veces, algunas,
me han exasperado.

Quiero, pues, en palabras
deshacerme.
Rendirme, apagarme,
encontrar el consuelo tibio
de la mediocridad pulcra y santa,
dejar de ser mi mejor batalla,
mi única medalla,
Callar, para siempre y de una vez,
por todo lo que es sagrado,
el locuaz coro interno,
apagarle las velas,
olvidarlo,
alejarme de aquí
sin voltear para nada.

lunes, 25 de agosto de 2008

Hank dice

Los extraños

puede que no lo creas
pero hay gente
que va por la vida con
muy poca
preocupación o problema.
se visten bien, duermen bien.
están contentos
con su vida
familiar.
son tranquilos
y a menudo se sienten
muy bien.
y cuando mueren
es de una muerte serena,
casi siempre
mientras duermen.


puede que no lo creas
pero tal gente
existe.

pero yo
no soy
así
ah, no, yo no
soy así
ni siquiera estoy cerca
de ser
como ellos.

pero están
ahí
y yo
estoy
aquí.


De los Poemas de la última noche en la Tierra

viernes, 8 de agosto de 2008

Amnesia

Porque las coincidencias existen, porque no todo en la vida tiene explicación (o porque no sé, paradójicamente, entender), me pasó, en breve escala y de manera simbólica, una de las cosas que más me asustan de la vida. Perdí la memoria: mis fotos, mis dos mil quinientas canciones favoritas, direcciones de mis amigos, listas de lecturas por hacer... mis poemas!!
Digo que es en pequeña escala porque con todo y mi ignorancia tecnológica, comprendo que la computadora y yo no somos el mismo ente, lo cual paradójicamente agrava la situación porque yo conservo en la memoria que se perdió la memoria de la computadora, con todo lo que a su vez perfilaba mi propia... memoria. Y digo que es simbólico, porque no puedo dejar de pensar en lo mucho que perder el disco duro de una computadora se parece, con todas las proporciones guardadas, a padecer alzheimer. Y esa es una de las posibilidades de la vida que más me asusta.
Tengo ganas de encerrame en la desesperación, llorar como niña, clavarme con la materia, pues. Pero la edad, maldita sea, me lleva no a un maravilloso estado cercano a la sabiduría budista, sino al más profano sentido de preservación de la dignidad. Berrinchear no resuelve nada.
Con todo y que perdí los tímidos inicios de lo que en dos años será una tesis doctoral en forma, con toda su gloria, lo que en verdad me duele son las cosas de índole mucho más personal. Las tesis salen de la intuición y del cerebro, van, digamos, de adentro hacia afuera. Pero lo demás no, lo demás viene de afuera hacia adentro, y te perfila como lo que eres en este juego de coordenadas espacio/temprorales. Por consiguiente, no puedo evitar la tristeza por mis fotos, pues son memorias de los tres años pasados, de las personas que conocí, las cosas que llamaron mi atención, los lugares donde estuve. Son una radiografía de los tres años del doctorado, y ese lapso no se parece en nada a ningún otro periodo de mi vida.
Mis poemas son otra cosa, todavía más profunda, más dolorosa de perder, casi insoportable, por el trabajo que me costó recuperar "la voz" poética después de ciertos aconteceres, algunos particularmente dolorosos, que me dejaron "muda" durante un tiempo. Además, justo el día que los perdí había resuelto, según yo, mi dilema eterno (en realidad es un dilema recurrente, que siempre resuelvo de una manera distinta, si no qué chiste tendría, dónde estaría la emoción) y me había decidido por explorar hasta las últimas consecuencias, hasta los más tenebrosos rincones, cada uno de los vericuetos de mi identidad, hasta que no me quedara piedra del alma por remover. Perderlos me recordó que tengo compromisos más urgentes, como una tesis, que tienen fecha límite de entrega. En cambio, tengo el tiempo del mundo para ser yo y para abismarme en mí.
Ni modo. Aunque entiendo que en el gran esquema de las cosas, esta es una micro tragedia personal, igual no me resigno a modificar mi decisión de lo que quiero hacer de mí misma, en aras de que mi intento más auténtico por escribir de los últimos años resultara infructuoso por accidente, ni tampoco a que este aliento se pierda para siempre, ni a que sea el último. De esta, como de muchas otras antes, me voy a levantar. Tendré que abrir un nuevo folder en mi memoria interna que, a la par de la del disco duro, se volverá a llenar. Pero mientras tanto, chale.

miércoles, 16 de julio de 2008

Porque hay días como hoy...






Gracias, infinitamente,
por este apretón del alma,
por este momento del día
en que el corazón se estruja
y continua
convencido
de su utilidad.
Gracias para siempre por la poesía.

jueves, 10 de julio de 2008

Mi potencial infinito




Hm. Creo que no hay mucho más que pudiera agregar.

jueves, 26 de junio de 2008

Onirismos

Uno de mis mejores sueños es el que me gusta llamar "el de la ciudad de piedra". Por alguna causa que desconozco, cuando en mis sueños aparecen calles empedradas o casas de piedra, tiendo a recordarlo muy vivamente y por lo general, el despertar es un proceso tranquilo, un verdadero cambio de estado y no un final abrupto. En el sueño, recorría una ciudad enteramente de piedra (los edificios eran similares a las murallas medievales, las calles estaban adoquinadas) adentro de un vehículo ajeno, que yo no tenía que conducir, pero a través de cuyos cristales, tan claros que parecían no estar, podía ver cada detalle, lo mismo el piso que el cielo al mismo tiempo. Creo que su permanencia en mi memoria se debe a la doble sensación de libertad y seguridad con que hacía mi recorrido. Tenía entonces 20 años, y aunque no conozco la ciudad, al despertar me imaginé que un viaje por Praga (de entre todas las ciudades del mundo) sería así. Quién sabe, pero tendré que salir de la duda algún día.

Ayer comencé a leer un libro que me atrajo sólo, o en principio, por el título: Nuit sans nuit, et quelques jours sans jour y que en la traducción al inglés que adquirí se titula Nights as day, days as night. Ambos títulos igualmente atractivos, me llevan a pensar cómo, si existe, se titulará la traducción al español. Lo bueno es que se puede confiar más en los traductores de textos que en los creativos traductores de títulos para películas. El texto, en fin, se trata del recuento de cuarenta años de sueños, algunos repetitivos, de Michel Leiris (ah, hasta ahora que lo escribo, me doy cuenta de la coincidencia del nombre, aunque con sus diferencias de género, mini trauma personal sobre el que hablaré en otra ocasión), con un excelente prefacio de Maurice Blanchot, en el que habla de la primera edición del texto, en la que también se incluyen textos e ilustraciones de Leonora Carrington. No conozco tal edición, pero la nota disparó un resorte que intenta, en vano, explicar mi atracción por el libro, y que es tan intrincada que trataré a continuación de reproducir con palabras, para ver si de esta manera adquiere sentido: precisamente ayer desperté pensando en "El jardín de las delicias terrenales" del Bosco, pues la noche anterior había estado escuchando "Fortune presents gifts not according to the book", traducción, hasta donde sé, de un poema de Góngora, que viene en el álbum Aion, cuya portada viene ilustrada con un detalle de la pintura en cuestión.




Pensar en el cuadro me recordó las obras de Carrington, pues según mi apreciación, en ambas, y a pesar de la "distancia temporal", se maneja un abigarramiento visual que podría definirse como "sobrepoblado de sentido": no hay detalle suelto, no hay casualidad. Desde luego, no pierdo de vista que se trata de obras de arte, y por consiguiente, el lugar para detalles carentes de sentido es casi nulo. Pero el parecido en la obra de ambos pintores es una característica que desde hace muchos años me intriga. Ambos me atraen precisamente por el onirismo, por la sensación de ser testigo de un sueño lúcido, aunque ajeno. Siendo niña, las imágenes del Bosco me atraían por que me aterraban, conforme crecí, la atracción se decantó a una especie de complicidad estremecedora: la de entender el significado de los elementos alegóricos. Pero además hay una característica de la pintura de Bosch que, creo, es la que perfila mis sueños: la espacialidad. Porque a pesar de los muchos elementos, en sus cuadros hay una enorme sensación de espacio abierto: el campo es el lugar de las revelaciones proféticas respecto al infierno y el fin del mundo, o de las carnavalizaciones bajtinianas. En ese sentido se da el paralelo con mi sueño: con todo y estar en medio de la ciudad, la sensación de libertad espacial es muy poderosa. Y eso, según yo, me lleva de nuevo a la razón por la que el texto de Leiris, llamó, inconscientemente, mi atención: una parte de mi mente, que no necesariamente se toma la molestia de explicarse, me guía hacia la liberación representada en los sueños.

Todas estas ideas, por disímiles entre sí que parezcan, me han estado rondando los últimos meses y se terminaron de cuajar a partir de que leí, anoche, un comentario del preclaro Gonzalo respecto a la intertextualidad. Porque en lo profesional, mi tesis se trata de las relaciones intratextuales, y en lo personal, las posibilidades de la vida como construcción textual me parecen tan atractivas como las posibilidades semánticas del surrealismo. Ahora, y dado que considero que en efecto, la vida es un largo relato, que se nutre para bien y para peor de nuestras relaciones inter e intratextuales, la pregunta es si tendría la paciencia y la disciplina de anotar, durante los próximos cuarenta años, mis sueños.


sábado, 14 de junio de 2008

Speechless

Dios bendiga el sexo
(no en lo abstracto: me refiero a nosotros, claro).
Bendiga siempre la gota de sudor
de tu frente a mi cuello,
y la tensión de tu espalda,
tu fuerza y mi resistencia;
Dios bendiga la noche y la mañana,
voz y silencio,
la espera y la caída.
Dios bendiga oscuridad y luz,
mi piel en tus manos,
tu abismo en mí,
y no saque jamás de mi memoria
el momento en que te vi.

lunes, 9 de junio de 2008

Feliz cumpleaños a mí!

Acabo de descubrir algo de mí que ni siquiera me imaginaba. Mi "fascinación" por las bildungsromane.(*) Y para agravar las cosas, las femeninas. No es casual que mi tesis (que ahora que recuerdo, fue la causa por la que inicié este escape a través de las letras) (y sí, dije 'a través': drop dead, Venier!!) se centre en dos historias que pintan de cuerpo entero a una mujer, y que ambas historias sean "instantáneas" de dos de los momentos más decisivos de su vida: un episodio de la infancia y el principio de la edad adulta. No lo imaginaba porque, según yo, era fortuito mi interés en el tema. Ahora veo que hay mucho de atractivo en ello, y creo que tiene que ver con el paralelismo que puede establecerse entre el texto al que me enfrento (como lectora, como espectadora) y el texto que cotidianamente trato de construir. Bueno. Toda la explicación teórica viene a cuento porque finalmente se me concedió ver Persépolis, y la razón de festejarlo tiene por lo menos dos facetas que, vanidosamente, me interesa conservar en la mente: primero, es mi cumpleaños, y segundo, por in tengo tiempo de ir al cine.

Hay una tercera, pero se refiere a un asunto sobre el cual más bien quiero seguir reflexionando: estoy construyendo mi propia bildungsroman, o el momento decisivo ya pasó y ahora debo empezar la parte que corresponde a dejar que los recuerdos se asienten?

No sé, no importa tanto en este momento, siempre habrá tiempo para el pasado. Por lo pronto, me quedo (y dejo en prenda) una de las mejores partes de la película, que logró algo que creía imposible: ganó mi respeto por ese himno ochentero (al cual el dilecto lector seguro reconocerá, a menos de que viviera en una cueva los últimos 20 años)




(*) Bildungsroman se denomina a la novela de aprendizaje o de pasaje, que son aquellas en las que el personaje, ya sea femenino o masculino, enfrenta su propio proceso de maduración mental, emocional y también, pero no necesariamente, físico. Su principal característica es que al final del relato, el personaje es capaz de reflexionar sobre el cambio que experimentó y sobre las diferencias entre quien solía ser y quien es.


Gracias, Gonzo y Aguillón, por los comentarios a mi post anterior. Al Consumidor Consciente no me canso de agradecerle en persona.

miércoles, 4 de junio de 2008

Vasos vacíos

Una semana después, el espacio sigue desocupado. En los últimos tres años, hice grandes amigos, aprendí un par de cosas, leí bastante, comí bien, fumé mucho (y de mucho) bebí, cuando lo hice, sin la menor moderación, al cabo no sirve de nada... ah, sí, también me mudé, o mejor dicho, me mudé para cumplir con todas las anteriores. Y también hice un doctorado. Un doctoradote que estuvo rondándome en la cabeza como "el plan maestro" al menos siete años antes de que de verdad lo hiciera. Y ahora, a una semana de poder contarlo entre las cosas hechas, me encuentro con un vacío espantoso, por que se cuela a casi todos los demás aspectos de la vida. Lo que me preocupa sobre todo, es el silencio. Porque me cuesta tanto trabajo escribir, y por otro lado, no puedo apagar la máquina de la crítica y encender la del placer cuando leo, porque sí, he intentado leer, desde el miércoles pasado, hasta hoy, sin gran éxito. Quiero volver a leer para asombrarme, no para descifrar las estrategias creativas de lo que estoy leyendo. Quizá deba empezar por el reverso de las cajas de cereales.
También me preocupan los estados de ánimo tan contradictorios. Como nunca en la vida, paso de la euforia festiva y del orgullo que me revienta, al miedo por el futuro y al desamparo. Pensé que al término del doctoradote, mi alma se llenaría de cierta paz, reflejo del trabajo cumplido, de haber conseguido lo que me pareció una buena idea hace años. Y me sigue pareciendo, y no me arrepiento de nada, pero en vez de la paz, el balance espiritual parece estarse fundando en el silencio, en el vacío. Quizá sea mejor: lo contrario me llevaría al poco elegante alarde.

Hace poco tomé una foto que, como algunas que me gustan, resultó un accidente afortunado: salió bien. Cuando la veo, pienso en la frase de los mapas públicos y planos de orientación "Usted está aquí". Pero pienso también que de pie de foto, añadiría "lo malo es que eso no indica nada".




Ese es, prácticamente, el estado de las cosas.

miércoles, 23 de abril de 2008

La vida, según The Ramones

Como en la vida de la mayor parte de las personas que conozco, la música ocupa un lugar de gran importancia. No puedo desligar mi infancia de los 80, por ejemplo, con ropa de colores neón, pulseras de plástico, blusones que combinaban con sus mallas, pero sobre todo, con la canción que le dio la bienvenida a la década: Love will tear us apart de Joy Division (por cierto, se me fue "Control" de las carteleras. Gracias, pinche Colmex!)
Pero hace un par de días, mientras manejaba, se me ocurrió que si hubiera que elegir piezas fundamentales para establecer mis valores y principios, que revelaran mi vida tal como la conozco, muy seguramente serían las siguientes:

1. I wanna be sedated, The Ramones.

Cómo no. Cómo escapar a la irresistible tentación de vivir en un permanente estado alterado. Y hay quienes me cuentan que pueden lograrlo con su pura mentecita. Mentiras, su mente perversa les hace creer que están alterado. Yo quiero ese estado en que tu mente no existe, no empieza un diálogo difícil de mantener, tu mente o conciencia se van a corretear al pasto, encueraditas de sus presuposiciones, certezas y reclamos.


Twenty-twenty-twenty four hours to go I wanna be sedated
Nothin' to do and no where to go-o-oh I wanna be sedated

¿Qué hay más maduro que aceptar la realidad detrás de la apariencia? Ya que se trata de elegir en la vida, pues elijo la suspensión de la coherencia. Sí, quiero estar sedada. Permanentemente.

2. I don't wanna grow up, The Ramones.

No soy punk, no creo que los pantalones ultrapegados me vayan bien (un cierto trauma con las caderas, ustedes saben), pero carajo, uno nunca sabe dónde salta la liebre de la sabiduría. Y no, no quiero crecer. Quiero quedarme anclada permanentemente en mi edad mental, que me permite todavía evadirme hacia mi interior, en medio de las más concurridas reuniones familiares, nudos del tránsito por la ciudad, y seminarios de tesis.

When I'm lyin' in my bed at night
I don't wanna grow up
Nothing ever seems to turn out right
I don't wanna grow up
How do you move in a world of fog that's
always changing things
Makes wish that I could be a dog
When I see the price that you pay
I don't wanna grow up
I don't ever want to be that way
I don't wanna grow up.

3. Beat on the brat, The Ramones.

Aunque trato de no juzgar, de mantener una actitud incluso Zen sobre la vida, y de tomar todo con calma, no falta la gente imbécil que se cree necesaria, útil, experta en el conocimiento y manejo del prójimo. Cada uno de nosotros debería poder conservar en su interior esa transparente burbuja a prueba de ruido, donde recluirse de vez en diario, que le permite la comprensión absoluta de sí mismo. Como dice alguien a quien quiero, hay quienes te privan del privilegio de la soledad, sin brindarte el placer de la compañía. Y la ira, hay que aceptarlo, es una emoción humana imprescindible.

Beat on the brat
Beat on the brat
Beat on the brat with a baseball bat
Oh yeah, oh yeah, uh-oh.

What can you do?
What can you do?
With a brat like that always on your back
What can you lose?



Bueno. Ahora voy a preparar hot cakes.

sábado, 29 de marzo de 2008

Querido Gonzalo:

No es que interrumpa mi blog, es que el pobre tiene la desventura de seguir los caprichos de mi pensamiento, de mi tiempo y de mi pereza. Y la mayor parte de las veces, los tres elementos no coinciden. Además, los últimos días he estado muy reflexiva, no puedo dejar de pensar en que todo tiene un final, y si bien eso solía ser un "menos mal", en recientes fechas se empieza a tornar un "ni modo".
Pero ya que escribir es útil, bueno, y necesario por lo menos pa'l que escribe, ahí te voy: la partida de nuestro amigo en común me deja medio flotando en un mar -poco profundo- de nostalgia. Porque aunque la alegría por él me inunda y estoy cierta de que le irá de maravilla, aprenderá mucho y se divertirá más, no sólo voy a extrañarlo: su partida simboliza el fin de muchos procesos propios que coinciden en espacio y tiempo. Se acaba mi pretexto para no enfrentar una decisión difícil pero obligatoria, se acaba un periodo de vacaciones mentales y anímicas que me hubiera gustado que duraran para siempre. Pero no. Hay que seguir creciendo y abriendo puertas a rincones misteriosos y desconocidos. Una nueva felicidad, estoy convencida, se esconde detrás de alguna de esas puertas.
Además, hoy es un buen momento para enfrentar lo que sigue: estoy en "la ciudad de los limones y las palmeras", de donde decidí salir para no volver. Y cuando vuelvo, es siempre inundada del gozo secreto de saber que salgo pronto. Qué alegría, qué infinito e infantil placer el de saber que la decisión ahora sí es mía y de nadie más. Soy una niñota y qué. Es más, hasta voy a pasearme delante de mi ex casa y burlarme: yo me voy y ella se queda con su color rosa.
De ahora en adelante volveré a mi cinismo, y sobre todo, a escribir. Te agradezco tu comentario, tus palabras sobre mi texto. De verdad, fue una liberación vender esa casa. Nunca me imaginé que cuando Cortés "quemó sus naves", podría haber estado riendo por dentro, pensando "éjele culeros, ahora ya no hay vuelta atrás".
Éjele...

miércoles, 13 de febrero de 2008

Hacia la iluminancia

La vida, he venido a entender, es un camino. Y claro, también una tóm-tóm-tómbola. Pero sería profundamente cínico de mi parte adjudicar tal descubrimiento a mi sola perseverancia y necedad de seguir viviendo pese a que las condiciones no siempre fueron favorables (necia que es una...)
Todo lo contrario, a lo largo de mis años siempre ha habido almas más iluminadas que la mía que han tenido a bien compartirme su experiencia, su forma de ver el mundo, su sabiduría, pues. Ni más ni menos ayer recibí una de esas gotitas del rocío sapiencial con que los empleados de la biblioteca de mi institución de desconfianza elaboran para profundo agrado del alumnado. Me ha dado vueltas y vueltas por la cabeza, su contundencia me deja perplendeja. Así que ahora cumplo el ciclo compartiéndola con el dilecto público lector. Ah, pero creo que antes será prudente poner en antecedentes, brevemente: necesito consultar un libro, que está en poder de algún otro alumno, pese a que la fecha de préstamo expiró hace más de una semana. Por consiguiente, me dirigí al gurú en turno para hacerle llegar mi queja y buscar su ayuda. En efecto, confirmó que el ejemplar no está, y que el préstamo venció. Pero a mi pregunta de qué procede, me avasalló con la sabiduría contenida en la máxima indiscutible:

"pos así son los alumnos, señorita. El libro regresará cuando regrese"

Ooom. Y yo creyendo que el alumno tendría que regresar al libro, y no que el libro decidiría cuándo volver al hogar.

Y esa frase sólo completa la lección anterior, brindada magistralmente por otro empleado el día que pedí un libro que según el catálogo electrónico ahi'staba, pero yo en mi infinito desconocimiento de las dimensiones y diferencias del ser y del estar, no había localizado. Esta frase también me dejó una profunda impresión:

"pos búsquelo dos lugares al lado, y dos lugares arriba y dos lugares abajo. O tres. O varios. Porque si no está ahí, por ahí anda, no ha salido".

Es que de veras me complico la existencia al negarles a los libros el libre albedrío y el libre tránsito. Chale.


Otra de las frases con que me quedo de mi paso por el Colmex, es la inefable "lo suyo, lo suyo, era lo retebonito". Como discutir la habilidad de Góngora para hermosear el Barroco, de suyo tan llano y sin chiste.

En fin. Algún día, quizá, alcance la magistrancia que se necesita para avasallar a los oyentes con esas frases. Por lo pronto, sigo reflexionando en el aforismo siguiente:

"Mejor nada que una mala mamada"

La invitación a enriquecer mi catálogo de sofismas, aforismos y máximas, desde luego queda abierta...

miércoles, 30 de enero de 2008

Chale 2.0

Cuando uno se da un golpe contra un vidrio, lo peor no es el golpe en sí, sino la humillación pública (aunque a veces también privada) de no haberlo visto venir. Aunque pensándolo bien, el vidrio ya estaba ahí.
Cuando el vidrio es metafórico, el golpe, también metafórico, es recibido directamente en el ego que tan sensible y frágil tiende a ser, y el magullón, a veces sanguinolento, tarda mucho en curar. 
Pero hoy alguien me dijo algo que quiero conservar en la cabeza, aunque sea para repetirlo tantas veces, que acabe por creérmela:

"Sueña... Todos los sueños permanecen, se disuelven holográficamente en la totalidad de lo que llamas tú."

Y para cerrar musicalmente, uno de mis guanjitguonders contemporáneos favoritos, principalmente porque plantea una pregunta de dificilísima solución: will I ever learn?





martes, 15 de enero de 2008

La reflexión del día.

Any moron can be polite; only a precious few can be brilliant.

sábado, 12 de enero de 2008

Mi amigo Juan

Nunca lo he visto, y no sé si lo veré algún día. Pero Juanito sabe más de mí que muchas personas. Sabe las cosas que me dan miedo, y que a otros no he podido ni querido contarles. Sabe secretos que yo misma olvido a veces. Sabe que me gusta escribir poesía y sabe que pienso que me he estado haciendo tonta ocupando mi tiempo en posgrados que no cambian quien soy. Ni lo que quiero. Él no posterga el choque con la realidad, se le pone en el camino para que le pase encima, y luego se levanta y le vuelve a salir al paso.

Mi amigo Juan escribe. Y lo hace en serio, y con dedicación, sin esperar a las tontas musas a que se asomen desnudas a su ventana. Escribe, escribe en las madrugadas, en las tardes, en las noches. Escribe cosas como "el sol que jode a través de las persianas", y me recuerda a Bukowski sentado en la noche, escribiendo que los días se escapan como caballos corriendo por las colinas.Y no tiene miedo de que lean lo que escribe, finalmente le vale madre: lo escrito no se lo quita nadie. Claro, se dio cuenta antes que yo de que no hay que planearlo, hay que hacerlo.

Fue a París y chocó su coche. Yo nunca he salido del país. Toma vino cuando quiere, cuanto quiere. Yo me debo una buena borrachera a mí misma desde hace mucho. Él no espera una razón para festejar y beber. Bebe y ya, precisamente porque no hay razón. 

Mi amigo Juan hace lo que yo creo que me aterra más que otras cosas: vivir como quiere. A mí me queda un pequeño hueco por donde se filtra la duda, en los cimientos de mi certeza.  Yo a veces creo que él ya no se pregunta. Cuando le pregunté retóricamente porqué no puedo simplemente hacerme tontita y ser feliz, o por, lo menos pretender, me contestó simplemente que no soy tonta. Hoy no estoy tan segura.

Escribió sobre mí. Y no tengo forma de decirle que se equivoca, porque de hecho está en lo correcto, tiene toda la razón.  Quizá por eso, pensar en él me deja esta sensación de semiamargura: en algún rincón de él, tiene todos los elementos para, un día de estos, poner en orden las piezas de la "parte mía que no", mientras yo trato todos los días de hacer más pulida y verdadera la superficie de la "parte mía que sí".