No es que interrumpa mi blog, es que el pobre tiene la desventura de seguir los caprichos de mi pensamiento, de mi tiempo y de mi pereza. Y la mayor parte de las veces, los tres elementos no coinciden. Además, los últimos días he estado muy reflexiva, no puedo dejar de pensar en que todo tiene un final, y si bien eso solía ser un "menos mal", en recientes fechas se empieza a tornar un "ni modo".
Pero ya que escribir es útil, bueno, y necesario por lo menos pa'l que escribe, ahí te voy: la partida de nuestro amigo en común me deja medio flotando en un mar -poco profundo- de nostalgia. Porque aunque la alegría por él me inunda y estoy cierta de que le irá de maravilla, aprenderá mucho y se divertirá más, no sólo voy a extrañarlo: su partida simboliza el fin de muchos procesos propios que coinciden en espacio y tiempo. Se acaba mi pretexto para no enfrentar una decisión difícil pero obligatoria, se acaba un periodo de vacaciones mentales y anímicas que me hubiera gustado que duraran para siempre. Pero no. Hay que seguir creciendo y abriendo puertas a rincones misteriosos y desconocidos. Una nueva felicidad, estoy convencida, se esconde detrás de alguna de esas puertas.
Además, hoy es un buen momento para enfrentar lo que sigue: estoy en "la ciudad de los limones y las palmeras", de donde decidí salir para no volver. Y cuando vuelvo, es siempre inundada del gozo secreto de saber que salgo pronto. Qué alegría, qué infinito e infantil placer el de saber que la decisión ahora sí es mía y de nadie más. Soy una niñota y qué. Es más, hasta voy a pasearme delante de mi ex casa y burlarme: yo me voy y ella se queda con su color rosa.
De ahora en adelante volveré a mi cinismo, y sobre todo, a escribir. Te agradezco tu comentario, tus palabras sobre mi texto. De verdad, fue una liberación vender esa casa. Nunca me imaginé que cuando Cortés "quemó sus naves", podría haber estado riendo por dentro, pensando "éjele culeros, ahora ya no hay vuelta atrás".
Éjele...
sábado, 29 de marzo de 2008
miércoles, 13 de febrero de 2008
Hacia la iluminancia
La vida, he venido a entender, es un camino. Y claro, también una tóm-tóm-tómbola. Pero sería profundamente cínico de mi parte adjudicar tal descubrimiento a mi sola perseverancia y necedad de seguir viviendo pese a que las condiciones no siempre fueron favorables (necia que es una...)
Todo lo contrario, a lo largo de mis años siempre ha habido almas más iluminadas que la mía que han tenido a bien compartirme su experiencia, su forma de ver el mundo, su sabiduría, pues. Ni más ni menos ayer recibí una de esas gotitas del rocío sapiencial con que los empleados de la biblioteca de mi institución de desconfianza elaboran para profundo agrado del alumnado. Me ha dado vueltas y vueltas por la cabeza, su contundencia me deja perplendeja. Así que ahora cumplo el ciclo compartiéndola con el dilecto público lector. Ah, pero creo que antes será prudente poner en antecedentes, brevemente: necesito consultar un libro, que está en poder de algún otro alumno, pese a que la fecha de préstamo expiró hace más de una semana. Por consiguiente, me dirigí al gurú en turno para hacerle llegar mi queja y buscar su ayuda. En efecto, confirmó que el ejemplar no está, y que el préstamo venció. Pero a mi pregunta de qué procede, me avasalló con la sabiduría contenida en la máxima indiscutible:
"pos así son los alumnos, señorita. El libro regresará cuando regrese"
Ooom. Y yo creyendo que el alumno tendría que regresar al libro, y no que el libro decidiría cuándo volver al hogar.
Y esa frase sólo completa la lección anterior, brindada magistralmente por otro empleado el día que pedí un libro que según el catálogo electrónico ahi'staba, pero yo en mi infinito desconocimiento de las dimensiones y diferencias del ser y del estar, no había localizado. Esta frase también me dejó una profunda impresión:
"pos búsquelo dos lugares al lado, y dos lugares arriba y dos lugares abajo. O tres. O varios. Porque si no está ahí, por ahí anda, no ha salido".
Es que de veras me complico la existencia al negarles a los libros el libre albedrío y el libre tránsito. Chale.
Otra de las frases con que me quedo de mi paso por el Colmex, es la inefable "lo suyo, lo suyo, era lo retebonito". Como discutir la habilidad de Góngora para hermosear el Barroco, de suyo tan llano y sin chiste.
En fin. Algún día, quizá, alcance la magistrancia que se necesita para avasallar a los oyentes con esas frases. Por lo pronto, sigo reflexionando en el aforismo siguiente:
"Mejor nada que una mala mamada"
La invitación a enriquecer mi catálogo de sofismas, aforismos y máximas, desde luego queda abierta...
Todo lo contrario, a lo largo de mis años siempre ha habido almas más iluminadas que la mía que han tenido a bien compartirme su experiencia, su forma de ver el mundo, su sabiduría, pues. Ni más ni menos ayer recibí una de esas gotitas del rocío sapiencial con que los empleados de la biblioteca de mi institución de desconfianza elaboran para profundo agrado del alumnado. Me ha dado vueltas y vueltas por la cabeza, su contundencia me deja perplendeja. Así que ahora cumplo el ciclo compartiéndola con el dilecto público lector. Ah, pero creo que antes será prudente poner en antecedentes, brevemente: necesito consultar un libro, que está en poder de algún otro alumno, pese a que la fecha de préstamo expiró hace más de una semana. Por consiguiente, me dirigí al gurú en turno para hacerle llegar mi queja y buscar su ayuda. En efecto, confirmó que el ejemplar no está, y que el préstamo venció. Pero a mi pregunta de qué procede, me avasalló con la sabiduría contenida en la máxima indiscutible:
"pos así son los alumnos, señorita. El libro regresará cuando regrese"
Ooom. Y yo creyendo que el alumno tendría que regresar al libro, y no que el libro decidiría cuándo volver al hogar.
Y esa frase sólo completa la lección anterior, brindada magistralmente por otro empleado el día que pedí un libro que según el catálogo electrónico ahi'staba, pero yo en mi infinito desconocimiento de las dimensiones y diferencias del ser y del estar, no había localizado. Esta frase también me dejó una profunda impresión:
"pos búsquelo dos lugares al lado, y dos lugares arriba y dos lugares abajo. O tres. O varios. Porque si no está ahí, por ahí anda, no ha salido".
Es que de veras me complico la existencia al negarles a los libros el libre albedrío y el libre tránsito. Chale.
Otra de las frases con que me quedo de mi paso por el Colmex, es la inefable "lo suyo, lo suyo, era lo retebonito". Como discutir la habilidad de Góngora para hermosear el Barroco, de suyo tan llano y sin chiste.
En fin. Algún día, quizá, alcance la magistrancia que se necesita para avasallar a los oyentes con esas frases. Por lo pronto, sigo reflexionando en el aforismo siguiente:
"Mejor nada que una mala mamada"
La invitación a enriquecer mi catálogo de sofismas, aforismos y máximas, desde luego queda abierta...
miércoles, 30 de enero de 2008
Chale 2.0
Cuando uno se da un golpe contra un vidrio, lo peor no es el golpe en sí, sino la humillación pública (aunque a veces también privada) de no haberlo visto venir. Aunque pensándolo bien, el vidrio ya estaba ahí.
Cuando el vidrio es metafórico, el golpe, también metafórico, es recibido directamente en el ego que tan sensible y frágil tiende a ser, y el magullón, a veces sanguinolento, tarda mucho en curar.
Cuando el vidrio es metafórico, el golpe, también metafórico, es recibido directamente en el ego que tan sensible y frágil tiende a ser, y el magullón, a veces sanguinolento, tarda mucho en curar.
Pero hoy alguien me dijo algo que quiero conservar en la cabeza, aunque sea para repetirlo tantas veces, que acabe por creérmela:
"Sueña... Todos los sueños permanecen, se disuelven holográficamente en la totalidad de lo que llamas tú."
Y para cerrar musicalmente, uno de mis guanjitguonders contemporáneos favoritos, principalmente porque plantea una pregunta de dificilísima solución: will I ever learn?
martes, 15 de enero de 2008
sábado, 12 de enero de 2008
Mi amigo Juan
Nunca lo he visto, y no sé si lo veré algún día. Pero Juanito sabe más de mí que muchas personas. Sabe las cosas que me dan miedo, y que a otros no he podido ni querido contarles. Sabe secretos que yo misma olvido a veces. Sabe que me gusta escribir poesía y sabe que pienso que me he estado haciendo tonta ocupando mi tiempo en posgrados que no cambian quien soy. Ni lo que quiero. Él no posterga el choque con la realidad, se le pone en el camino para que le pase encima, y luego se levanta y le vuelve a salir al paso.
Mi amigo Juan escribe. Y lo hace en serio, y con dedicación, sin esperar a las tontas musas a que se asomen desnudas a su ventana. Escribe, escribe en las madrugadas, en las tardes, en las noches. Escribe cosas como "el sol que jode a través de las persianas", y me recuerda a Bukowski sentado en la noche, escribiendo que los días se escapan como caballos corriendo por las colinas.Y no tiene miedo de que lean lo que escribe, finalmente le vale madre: lo escrito no se lo quita nadie. Claro, se dio cuenta antes que yo de que no hay que planearlo, hay que hacerlo.
Fue a París y chocó su coche. Yo nunca he salido del país. Toma vino cuando quiere, cuanto quiere. Yo me debo una buena borrachera a mí misma desde hace mucho. Él no espera una razón para festejar y beber. Bebe y ya, precisamente porque no hay razón.
Mi amigo Juan hace lo que yo creo que me aterra más que otras cosas: vivir como quiere. A mí me queda un pequeño hueco por donde se filtra la duda, en los cimientos de mi certeza. Yo a veces creo que él ya no se pregunta. Cuando le pregunté retóricamente porqué no puedo simplemente hacerme tontita y ser feliz, o por, lo menos pretender, me contestó simplemente que no soy tonta. Hoy no estoy tan segura.
Escribió sobre mí. Y no tengo forma de decirle que se equivoca, porque de hecho está en lo correcto, tiene toda la razón. Quizá por eso, pensar en él me deja esta sensación de semiamargura: en algún rincón de él, tiene todos los elementos para, un día de estos, poner en orden las piezas de la "parte mía que no", mientras yo trato todos los días de hacer más pulida y verdadera la superficie de la "parte mía que sí".
jueves, 29 de noviembre de 2007
El cerebro: órgano vital o botana para zombies? (o de cómo lo que me dicen me afecta más de lo que me imagino)

Había tratado inútilmente de hacerme a la idea de que los sueños de naturaleza cuasi-fumada que he tenido últimamente, tienen su correspondencia en la presión académica que los últimos días he experimentado. Me engañaba vilmente, y me castigaba sin razón. No, la culpa la tienen los tlaxcaltecas, o en este caso, el selecto grupo de personas entre quienes distribuyo mis ratos de aparición pública. Someto las pruebas siguientes:
- Después de leer un par de posts de mis cuates los extemporáneos y sus preguntas sobre la literatura mexicana que a final de cuentas ni estudian, pasé dos noches soñando la pregunta "se puede escribir cualquier cosa a estas alturas de la historia, sin intertextualidad?" Quién, oh sabio público, quién en su sano juicio se pregunta eso cuando sueña?
- Hace unos días, soñé que alguien muy cercano a mi corazón estaba en el aeropuerto con uno de esos maletines que en películas y recreaciones "de época", suelen llevar algunos viajeros y, sobre todo, médicos. Dicha persona NO tiene (hasta donde yo he hurgado en sus pertenencias) un maletín con las características del de Mary Poppins. Pero la culpa de que yo sueñe eso es suya, desde luego.
- Ahora bien, cierto profesor tiene la culpa de que soñara la obra cumbre del naturalismo mexicano, inspiración del relato prostibulario en México, y muy probablemente, pariente lejanísimo del cine de ficheras: Santa, novela de 1903, llevada al cine en cuatro ocasiones.
- Luego viene mi querida Carmina a decirme de sus proyectos y trabajos, como si no tuviera encima los míos. Qué poco consideradas son algunas personas. Y gracias a sus "perífrasis espectrales" y el minidebate en torno a si es mejor nombre "Cunning Linguist" que "Lingüista con sangrado".... pues soñé a una legión de verbos, párrafos y cuartillas completas corriendo tras de mí, tratando de levantarme la tapa del cráneo para meterse ahí (porque daban por descontado que el sitio aludido está vacío).
Podría decirse que mis patologías oníricas dan la razón a Freud. Pero me interesa más llevarle la contra, por misógino. De ahí que prefiera descargar la manera en que mi cerebro procesa la información (con la delicadeza de una licuadora y no con la efectividad de un archivo) en todas y cada una de las personas que han estado últimamente contándome sus cosas.
martes, 13 de noviembre de 2007
I once had a house...
No puedo dejar de pensar en Virginia Woolf.
Y no porque le tema o no le tema, finalmente no pienso en las mujeres de principios del XX como particularmente aterradoras (remito a la foto). Más bien, no puedo dejar de pensar en la importancia de tener Un cuarto propio. Claro, Vicky se refería a un espacio propio, tanto físico como mental, incluso espiritual (y aquí me parece oir las carcajadas de Lear y Sergio Alejandro Aguillón Mata, que están ciertos de que soy feminista de clóset... ni modo, las fronteras son líneas borrosas para una miope como moi). Claro que también, para la célebre autora, había que tener dinero, lo que se supone que le permitiría, a la mujer interesada en ello, escribir, por lo menos ficción.
Más bien, mis cavilaciones se refieren en concreto no sólo a un cuarto que era mío, sino a una casa completa, que era mía, y vendí. Y al hecho práctico, se suman posibles significaciones que, en días nublados, me repito como mantra para tratar de convencerme de lo acertado de mis decisiones. Así por ejemplo, puedo replicarle a Mme. Woolf que no sólo tuve una casa propia: incluso me di el lujo de venderla (pero dadas las impliaciones espirituales-intelectuales, más de un buen lector pensará que con la propiedad vendí parte de mí. Es posible que no esté en el error). También podría decirle (a Virginia, no al buen lector) que no hay caso en conservar una cosntrucción sobre un pedazo de tierra que lejos de protegerte, te encadena. Pero igual, habrá más de uno que dirá que porqué no simplemente la renté. Yo le respondería entonces que eso está peligrosamente cerca, simbólicamente, de rentar mi espíritu. Y no sé si venderlo o rentarlo es peor, pues aquí, totalmente contra mi voluntad, interviene la voz chillona de una señora escrituranta, que clamaba a quien quisiera oirla que "ella era su casa" (chale, las tías mexicanas de escritoras polaco-francesas como la Poniatowska son insufribles).¿Yo qué culpa tengo de que Pita Amor fuera un montón de tabiques y cemento?
Es una mala foto, ya lo sé. Pero crea el efecto buscado...
Por si sí y por si no, yo todas las tardes me digo que esa casa, ahora ajena, deshabitada y pintada de rosa estridente, está mejor así: sin mí, y yo sin ella. Total, no hay tal cosa en el mundo como "la decisión correcta".
El video de la semana es, lo confieso, una bobada. Pero en mi cabezota, adquiere un nuevo sentido cuando pienso que, como cantaba Madness allá por los "fashion-unfriendly" ochentas: "our house, in the middle of the street"... Sí, sí, es una bobada... de boberías también se alimenta el corazoncito...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
